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Borges, Jorge Luis

Autor y autodidacta argentino (1899-1986). Sus preferencias fueron la literatura, la filosofía y la ética. Prueba de lo primero es lo que nos ha llegado de su labor, que sin embargo deja entrever ciertas incurables limitaciones. Por ejemplo, no acabó nunca de gustar de las letras hispánicas, pese al hábito de Quevedo. Fue partidario de la tesis de su amigo Luis Rosales, que argüía que el autor de los inexplicables Trabajos de Persiles y Segismunda no pudo haber escrito el Quijote. Esta novela, por lo demás, fue una de las pocas que merecieron la indulgencia de Borges; otras fueron las de Voltaire, las de Stevenson, las de Conrad y las de Eça de Queiroz.
Dictó cátedras en las universidades de Buenos Aires, de Texas y de Harvard, sin otro título oficial que un vago bachillerato ginebrino que la crítica sigue pesquisando. Fue doctor honoris causa de Cuyo y de Oxford. Una tradición repite que en los exámenes no formuló jamás una pregunta y que invitaba a los alumnos a elegir y considerar un aspecto cualquiera del tema. No exigía fechas, alegando que él mismo las ignoraba. Abominaba de la bibliografía, que aleja de las fuentes al estudiante.
Le agradaba pertenecer a la burguesía, atestiguada por su nombre. La plebe y la aristocracia, devotas del dinero, del juego, de los deportes, del nacionalismo, del éxito y de la publicidad, le parecían casi idénticas. Hacia 1960 se afilió al Partido Conservador, porque (decía) "es indudablemente el único que no puede suscitar fanatismos".

Paradojas

"…no hay un pueblo de la provincia que no sea idéntico a los otros, hasta en lo de creerse distinto".

"Yo afirmo –sin remilgado temor ni novelero amor de la paradoja– que solamente los países nuevos tiene pasado; es decir, recuerdo autobiográfico de él; es decir, tienen historia viva".

"Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero, es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja, es la inocente voluntad de toda biografía".

"En lo que se refiere a la fantasía de abolir el pasado, no sé si cabe recordar que ésta fue ensayada en la China, con adversa fortuna, tres siglos antes de Jesús. Escribe Herbert Allen Giles: "El ministro Li Su propuso que la historia comenzara con el nuevo monarca, que tomó el título de Primer Emperador. Para tronchar las vanas pretensiones de la antigüedad, se ordenó la confiscación y quemazón de todos los libros, salvo los que ensañaran agricultura, medicina o astrología…". En Inglaterra, al promediar el siglo XVII, ese mismo propósito resurgió, entre los puritanos, entre los antepasados de Hawthorne. "En uno de los parlamentos populares convocados por Cronwell –refiere Samuel Johnson– se propuso muy seriamente que se quemaran los archivos de la Torre de Londres, que se borrara toda memoria de las cosas pretéritas y que todo el régimen de la vida recomenzara". Es decir, el propósito de abolir el pasado ya ocurrió en el pasado y –paradójicamente– es una de las pruebas de que el pasado no se puede abolir. El pasado es indestructible; tarde o temprano vuelven todas las cosas, y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado".

"Quiero señalar otra contradicción: los nacionalistas simulan venerar las capacidades de la mente argentina pero quieren limitar el ejercicio poético de esa mente a algunos pobres temas locales, como si los argentinos sólo pudiéramos hablar de orillas y estancias y no del universo".

"Entonces comprendí que su cobardía era irreparable. Le rogué torpemente que se cuidara y me despedí. Me abochornaba ese hombre con miedo, como si yo fuera el cobarde, no Vincent Moon. Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres. Por eso no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine al género humano; por eso no es injusto que la crucifixión de un solo judío baste para salvarlo. Acaso Schopenhauer tiene razón: yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres…".

"Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño".

"La muerte es vida vivida,
la vida es muerte que viene;
la vida no es otra cosa
que muerte que anda luciendo".

En Las Ruinas Circulares nos habla de un hombre que por medio de la magia de sus sueños creó a otro hombre, soñándolo. Éste soñador, vivía temiendo que su hijo fuera a descubrir algún día que era, solamente, el sueño de su padre. Sólo el fuego y el soñador conocían el origen onírico de su hijo. Hasta que un día, las ruinas que habitaba el soñador se incendiaron y descubre que las llamas tampoco lo afectaban a él:
"Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. …A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable.
…En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
…En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo".

En un diálogo memorable entre Borges y Ernesto Sábato, Orlando Barone le pregunta a Borges:
"Barone: ¿Y qué opina de Dios, Borges?
Borges: (solemnemente irónico) ¡Es la máxima creación de la literatura fantástica! Lo que imaginaron Wells, Kafka o Poe no es nada comparado con lo que imaginó la teología. La idea de un ser perfecto, omnipotente, todopoderoso es realmente fantástica.
Sabato: Pero dígame, Borges, si no cree en Dios ¿por qué escribe tantas historias teológicas?
Borges: Es que creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género".


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Bibliografía

Enciclopedia Sudamericana. Santiago de Chile, 2074.

Borges, Jorge Luis Epílogo. En: Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974

Borges, Jorge Luis Evaristo Carriego. (1930) En: Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974

Borges, Jorge Luis Nathaniel Hawthorne. Otras Inquisiciones. (1952) En: Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974

Borges, Jorge Luis Muertes de Buenos Aires. Cuaderno San Martín. (1929) En: Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974

Borges, Jorge Luis El Escritor Argentino y la Tradición. Discusión. (1932) En: Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974

Borges, Jorge Luis La Forma de la Espada. Artificios. (1944) En: Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974

Borges, Jorge Luis Las Ruinas Circulares. Ficciones. (1944) En: Obras completas. Buenos Aires: Emecé, 1974

Borges, Jorge Luis La Noche de los Dones. El Libro de Arena. (1975)
En: Prosa. Barcelona: Círculo de Lectores, 1975

Barone, Orlando Diálogos Borges-Sábato. Buenos Aires: Emecé, 1976

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