La relación entre estas dos expresiones opuestas les da a las palabras un nuevo sentido completamente distinto al que tenían por separado. Este incesante roce entre palabras o energías simétricamente enfrentadas provoca una vivificante tensión y al mismo tiempo la sensación de algo indefinido. Nos encontramos con una sugerente sensación que de otro modo no podría lograrse: una tensión indefinida hace que el texto cobre vida. Las palabras realizan un movimiento inesperado: el lenguaje entra en otra velocidad, hace un giro, se articulan significados opuestos influenciándose recíprocamente y alcanzando una amplitud conceptual inusual. Al asociar expresiones que supuestamente se enfrentan o repelen hemos encontrado una complementariedad escondida. Al oponerse se complementan. Se complementan porque se oponen. Son ideas contrarias que se complementan sin dejar de oponerse.
Las inteligencias pueden reconocer su interdependencia (dependencia mutua) sin dejar de ser ellas mismas, los conocimientos se muestran sucesivos, cíclicos o simultáneos, dándole a uno lo que le falta al otro y viceversa. Dejan de ser partes aisladas y fragmentarias para ser partes de un todo interrelacionado. Se ha intentado estudiar, analizar y juzgar a la paradoja desde las partes que la forman sin tener en cuenta que estas partes se han unido transformándose en una nueva totalidad compleja e irreductible (si las partes se han unido ya no son partes, la paradoja es una totalidad, que a su vez forma parte de otra totalidad).
La raíz de paradoja proviene del griego παραδoξα (lat. paradoxa; para = contra; doxa = opinión) significando: contrario a la opinión.
Esta es su función en la evolución del conocimiento: la paradoja se opone a la opinión, está en contra del juicio inevitablemente parcial y aislado. Su manera de estar en contra es invertir la opinión y reunir esa opinión contraria con la opinión original. El lenguaje enfrenta su propia carencia uniendo cada significado con su significado inverso, cada verdad con su verdad opuesta. Nada más paradójico que una paradoja: ella es capaz de estar en contra incluyendo al punto de vista contrario.
Con los recursos que aporta la paradoja pueden hacerse en el lenguaje (y por consiguiente con los pensamientos, los sentimientos y las acciones) una infinidad de paralelismos, correspondencias, aproximaciones, permutaciones, intercalaciones y retroalimentaciones que relacionan distintos niveles del lenguaje entre sí. Es posible utilizar al lenguaje sin que el lenguaje nos utilice, sin que nos condicione y puede liberarnos incluso de sí mismo. Esto es realizable porque el lenguaje posee dentro de él estructuras dinámicas que pueden transformar sus formas. Umberto Eco escribió que hay momentos en que "…el mensaje pone en crisis al código", y en nuestro caso, el mensaje de la paradoja trasciende a este código que es el lenguaje, le hace decir más de lo que puede decir y esto es lo más extraordinario, también le hace decir lo que no puede decir. La paradoja es un lenguaje dentro del lenguaje para trascender el lenguaje.
La transformación producida por esta aparente contradicción es posible gracias a que la paradoja altera o trastorna la estructura lógica de las palabras (al igual que las demás figuras de dicción), de modo que los conceptos fijos y aislados a los que estábamos acostumbrados pierden su significado inicial. Además de unir sentidos opuestos, puede hacer que cada concepto vuelva a sí mismo, trabaje consigo mismo, demostrando que el lenguaje, además de ser lineal, estático y secuencial, es al mismo tiempo: circular, dinámico, multidimensional, reflexivo y autorreferente. A través de su estructura, el lenguaje puede decir más de lo que sus límites le permiten, puede expresar lo inexpresable.
Las paradojas desestructuran, sugieren, despabilan, inspiran, sacuden, avivan, mueven, conmueven, inquietan. Es un error intentar resolverlas, no hay conflictos en su estructura. Contrariamente a nuestras frecuentes complicaciones nos muestran puertas abiertas allí donde sólo veíamos aprisionamiento. Nos invitan a madurar nuestra facultad de discernimiento considerando, ampliando y vinculando experiencias aparentemente incompatibles o rivales entre sí, permitiendo que los más diversos conocimientos se interrelacionen.
La paradoja es una configuración abierta, integradora, cambiante y transformadora. En ella dialogan los extremos: en vez de que un extremo ordene o mande al otro, ambos se organizan; en vez de que un extremo busque consciente o inconscientemente al otro, se encuentran; al influenciarse y enriquecerse mutuamente desarrollan una armonía solidaria que no pertenece ni a uno ni a otro exclusivamente. La unión hace emerger una cualidad inadvertida. Se deconstruyen los significados primitivos para dar lugar a una comprensión más amplia. Las paradojas desequilibran el sentido de los significados, desorientan su actual orientación. Su vasta comprensión incentiva las más inverosímiles uniones y logra armonizar hasta los antagonismos más encarnizados.
Se producen dos clases de vínculos o relaciones:
La primera configuración produce la unión de los opuestos. Este enlace es un movimiento externo hacia el polo contrario.